Hace tanto que no te escribo...
hace tanto que no te digo nada. Absolutamente nada.
Necesito aclarar un poco mis ideas, y al mismo tiempo no me atrevo a hacerlo. No me atrevo a contarte, a explicarte... a decirte que no ha pasado ni uno de estos días sin que piense en ti. EN TI.
En tu sonrisa espectacular y tu manera de mover las manos. En tu risa... en nosotros.

Hace tanto que no te veo que no sé si puedo soportarlo más.
Tengo ganas de gritar y contarle al mundo que no... que un año sin escribirte nada... no importa. Que nada a cambiado al fin y al cabo y seguimos en el mismo punto. En ese punto maldito llamado distancia.
En ese punto maldito llamado nostalgia.

Desde final de noviembre ha llovido mucho. Y no me basta con tus llamadas y las conversaciones a altas horas de la noche por la webcame.
Y es que no me basta por que seguimos en el mismo punto. Tu allí, yo aqui... y sin atreverme a decirte lo mucho que te quiero, lo mucho que me importas, lo mucho que me siento inutil por no ser capaz de mirarte a la cara y...

Y quizás decirte lo que siento.
O quizás simplemente besarte.

Hace tanto que te necesito de ti que he empezado a plantearme cosas. Y me dan miedo. Mucho miedo.
Cuando cierro los ojos me cuesta tanto. Cuando me preguntan si estoy bien... cuando todos se empeñan en que no pasaremos de ser amigos nunca. Me cuesta... me cuesta.
Y finjo constantemente estar bien.

Hace mucho que temia escribirlo. O decirlo en voz alta.
Pero... pero...
Hace mucho que sueño contigo. Y mucho que no te digo que aun te hecho de menos.

(Supongo que he vuelto a las viejas costumbres... intentare retomar esto)