
Ayer volví a salir, por fin bien, sí. Tras la gripe, griposa. Y pinté mis uñas de color rosa fuscia. Mientras lo hacía recordé que cuando era más pequeña, me daba verguenza hacerlo. La gente iba a mirarme. Pero eso ahora no importa.
Ahora tengo veinticuatro. Y estoy en una etapa en la que ha dejado de importarme el que dirán.
El otro día, mientras estaba con gripe, sono el teléfono de casa. Yo estaba sentada en el salón, junto al teléfono. Descolgué, pero nadie dijo nada al otro lado. Solo que me sé ese telefono santanderino de memoria. Sí. Era él.
Pude oir su risita, y oir su pequeña respiración.
Supongo que no supimos que decir. Y simplemente no se dijo nada.
Pero marcó el número. Con mucha suerte la próxima vez me dirá que es él.
Sí. Con un poco de suerte.
Es una de esas personas tímidas. Sí. Por eso dicen que tengo que hacer algo.
Pero es que por fin marcó mi número. Y por eso pinté mis uñas de color rosa. Por eso tengo una sonrisa en la boca. Por eso estoy feliz... Por que escuché su risa.
De esta tarde no pasa. Lo sé... os parece patetico este cruce de llamadas... pero yo aún así sigo pensando que es mi Principe, mi Principe perfecto.



lidiabel
31 mar 2008 | 02:21 PM
Es un bonito comienzo